Las instrucciones, que tendrán que aplicar tanto colegios públicos como privados ante la petición de los padres, han sido elaboradas por el Departament d’Ensenyament de la Generalitat junto con varias entidades del colectivo, entre ellas la Asociación de Familias de Menores Transexuales Chrysallis, y prevé que el estudiante sea tratado según el género con el que se sienta identificado y por su nombre sentido, entre otras recomendaciones. Tras el suicidio de un transexual adolescente en Rubí, en diciembre del 2015, Ensenyament consideró necesario abrir una comisión para establecer una serie de actuaciones que garantizaran el trato adecuado de estos menores, además de crear unos protocolos eficaces para detectar posibles casos de acoso escolar, como ya existen en otras comunidades autónomas. La mesa de trabajo, que requirió del asesoramiento de padres de estos menores para conocer los problemas a los que se han enfrentado y sus exigencias, elaboró a partir de estas premisas un protocolo con el que ya cuentan todos los centros desde junio. No son cuerpos equivocados: cuando la identidad sexual no coincide con los genitalesLa identidad sexual es el género subconsciente sentido como propio por cada persona y que lo autodefine como hombre o mujer. Este viene dado por el cerebro y es una de las primeras nociones que tiene cualquier niño sobre sí mismo, por lo cual se manifiesta a muy temprana edad. En la mayoría de los casos coincide con el sexo definido por los genitales, aunque no para los transexuales. Tampoco debe confundirse con la orientación sexual, que sí se define más adelante. El punto principal al que hace referencia el protocolo instará a los docentes y directivos a dirigirse al alumno transgénero por su nombre sentido, el cual será utilizado en la documentación interna y otros informes, como las notas. Asimismo, el centro deberá respetar la plena libertad de vestimenta del menor y permitir el acceso a los baños y vestuarios que le correspondan por su género sentido, buscando la forma más adecuada para todo el alumnado. Ensenyament también recomienda a los colegios que se evite la realización de actividades de grupo en que se diferencie por sexo e insta a los centros a incluir en sus planes de convivencia referencias específicas. Los protocolos contra el odio, la discriminación y contra el acoso escolar tendrán entre sus prioridades fomentar el uso de lenguajes inclusivos y no sexistas y los materiales de trabajo en las escuelas deberán velar por la promoción de la igualdad entre géneros, incluyendo la transexualidad. Dentro del protocolo se señala que las familias pueden aportar a los centros el informe de la Unidad de Género de la Conselleria de Salut, donde se especifiquen también las orientaciones oportunas para acompañar al menor en esta fase. Según Ensenyament, “el documento permitirá llevar a cabo una acción coherente y coordinada con la familia y diseñar unas actuaciones adecuadas a las necesidades del alumno”. A pesar de que presentarlo es opcional, los familiares se han mostrado disconformes ya que, opinan, contribuye a la patologización de la transexualidad y muchos centros podrían convertirlo en un requerimiento obligatorio. Actualmente, existen 52 menores transexuales escolarizados en centros catalanes y 400 en España, apunta Chrysallis. La importancia del tránsito de los menores radica en mostrarse ante la sociedad como quienes son y expresarse en coherencia, apunta la psicóloga experta de Trànsit Soraya Vega. Además, asegura que este paso incide muy positivamente en su seguridad y autoestima, con lo cual la actuación de las escuelas es fundamental. No obstante, el tránsito no es un proceso que hagan las personas trasngénero, sino su entorno social. “Para ellos es algo natural, es a los demás a quienes les cuesta asimilar el cambio”, señala la psicóloga. Nac Bremón no pasó por su tránsito hasta los 35 años, ya con un trabajo y una pareja estable y, hace apenas un mes, se realizó una mastectomía. Él asegura que siempre se ha sentido un chico. “Pero todavía ahora mi familia está dividida entre los que no lo entienden y los que empiezan a comprenderlo mejor”, dice. A los siete años, la incomprensión que se generó en su entorno por su diversidad de género le dejó claro que debía “tener cuidado”. Según cuenta, sobrevivió a su etapa escolar echándole imaginación: “Quería un trato en masculino, vestir como los demás chicos, jugar con ellos y a sus juegos”, algo que en raras ocasiones era posible, tanto en su casa como en el colegio. Y si la infancia fue dura, la adolescencia, con todos los cambios que implica, “fue una guerra interna”. “Mi cuerpo me daba una información, mi cabeza otra y yo simplemente estaba en el medio sin ningún apoyo”, explica. “Ahora sé que la confusión era de los demás, pero las dificultades como consecuencia del miedo y la negación se acaban pagando”, asegura. Fuente extraída de: elperiodico.com