092022 sonia historia trans colectivo gama Me llamo Sonia Medina, tengo 62 años y nací en una familia numerosa de 7 hermanos en el barrio de San José, en Las Palmas de Gran Canaria. Nada más nacer, una vecina se hizo cargo de mí, porque mi madre tenía muchos hijos y no podía aguantar tanta carga. Viví con esta conocida hasta los 8 años, pero mi madre me reclamaba que volviera a vivir con ella por los celos que le generó mi gran relación y convivencia con la señora del barrio.

 "Me echaron a la calle con 14 años"

 Desde pequeña asumí una expresión de género femenina y nunca tuve problemas con mis compañeros del colegio, pero sí con mis padres. Al final, sí, acabé volviendo al domicilio familiar por presión y fue un auténtico infierno.Hasta los 14 años, que fue cuando fui echada a la calle y expulsada del núcleo familiar, recibí grandes palizas por parte de mis progenitores. Todas ellas ocasionadas por mi expresión de género. “Maricón”, me decían y me azotaban con el cinto o con un zueco de madera. Por si fuera poco, a eso le añadían el encerrarme durante horas en una habitación.

Es fuerte lo que voy a seguir relatando, pero es lo que viví. En varias ocasiones perdí hasta el conocimiento en aquellas palizas. Nunca tuve apoyo por parte de mis hermanos e, incluso, los mayores también me pegaban después de pronunciar el citado insulto.

Continúo. Cuando ya me echaron, a los 14, como expliqué antes, mi madre me dijo claramente que era la vergüenza de la familia y que no volviera nunca más. Así, bruscamente, cogí mis cosas, me fui a dormir al Parque Santa    Catalina y es cuando paulatinamente me voy iniciando en el mundo de la prostitución. Vendía mi cuerpo para poder sobrevivir, al carecer de recurso económico alguno a esa temprana edad.

A los pocos días, tuve la suerte de que me acogiera la familia de un amigo y me dieran un techo bajo el que vivir hasta los 18 años. Finalmente, con la mayoría de edad, me independicé gracias al dinero que ganaba prostituyéndome.

De vez en cuando visitaba a mi abuela materna, pero a escondidas, porque si mi padre se enteraba de que andaba por allí me volvía a dar una paliza por “puta”. Hechos que, como imaginarás, sucedieron más de una vez.

"Los policías elegían a quién querían violar ese día o a quién querían humillar"

En aquellos primeros años de “puta”, en la época de los 80, recuerdo que los coches de la policía aparecían por el parque, nos acorralaban (a las prostitutas de la zona), nos metían en el furgón y nos llevaban a comisaría. Allí, los policías elegían a quién querían violar ese día o a quién querían humillar. Nos pedían que nos desnudáramos, que les realizáramos felaciones o, simplemente, nos pegaban. A veces nos llevaban a algún descampado y nos dejaban allí tiradas.

Sentí mucho miedo mientras trabajaba en aquella época, vi peligrar mi vida. Me dieron las citadas somantas, servicios no pagados, insultos… y me llegaron a poner una navaja en el cuello. La calle es durísima.

Con mi profesión, gané bastante dinero y decidí comprarme mi propia casa a los 21 años, aunque mis caminos fueron diversos. Ejercí la prostitución en diferentes comunidades autónomas y viví 10 años en Bilbao. En dicha ciudad me acusaron de Peligrosidad Social por ejercer en un bar y me metieron 3 días en un calabozo. Pero aguanté.

"Me llegué a casar"

Me llegué a casar con un hombre, con el que estuve 15 años hasta que falleció por una enfermedad renal. Durante todo ese tiempo tuve la fortuna de no prostituirme y me dediqué a montar un negocio con él. Éramos feriantes, teníamos un puesto de golosinas y más cosas relacionadas con las actividades propias de una feria. Tras su fallecimiento, volví a la prostitución.

Durante toda mi vida le seguí enviando dinero a mis padres. Ellos no tenían para subsistir y, además, les llegué a comprar una noria para que se pudieran ganar la vida y una vivienda que les dejé en usufructo vitalicio para ambos. Sinceramente, lo hice para ganarme su amor, y su cariño. En mi cabeza pensaba que, si les mandaba dinero me iban a querer.

Ahora, con todas las depresiones que he sufrido a lo largo de mi vida, sintiéndome sola, me niego a perdonar el comportamiento de mi madre. ¿Cómo me pudo echar a la calle con 14 años? ¿Cómo me denunció por una deuda que le debía para quitarme el piso que yo les había dado para su disfrute? Esas cuestiones y muchas más siguen resonando en mi cabeza cada día, pero las afronto como puedo y con una sonrisa en los labios.

Por último, solo quiero resaltar que al volver a la prostitución de mayor ya no sacaba el dinero de antes y no me daba para vivir. Hoy en día tengo la fortuna de contar con mi hermana y sobrinas de la familia, con las que conviví hasta los 8 años, que son las que me cuidan y me ayudan económica y emocionalmente.